Angelina Gatell: "El cine de doblaje es, en esencia, intuición"

Covadonga García Fierro.

Angelina Gatell en 1964
Angelina Gatell en 1964

El fallecimiento de Angelina Gatell Comas el pasado 7 de enero de 2017 nos tomó a todos por sorpresa. Tuve el privilegio y el increíble honor de entrevistarla en junio de 2016 en su casa de Madrid. Era una mujer fuerte, apasionada, valiente, y amaba a sus compañeros y compañeras de generación. Luchó como pocos por este país, desde la poesía y el pensamiento, siempre con generosidad. A sus 90 años, su voz era sólida y crecía cuando hablaba de sus amigos: Antonio Buero Vallejo, Blas de Otero, Carmen Conde, Gloria Fuertes, Claudio Rodríguez, Rafael Alberti, María Beneyto... Tomaba entre sus manos algunas fotografías y allí, en el salón de su casa, observaba las imágenes y decía: "Todos se han ido, sólo quedo yo para hablar de ellos y por ellos". Lloraba al recordar a su inseparable amiga y maravillosa poeta –o poetisa, como ella prefería decir– María Beneyto. Y rabiaba al recordar las injusticias sociales y políticas que vinieron tras la Guerra Civil Española. Solía decir que hasta que no se hiciera justicia con los cadáveres que aún pueblan las cunetas, la guerra no habría terminado. Solía decir tantas cosas. Con claridad, con sencillez, directa al grano, sin tapujos. Sirva la publicación de este material, centrado en su faceta como actriz de doblaje y en algunas de sus vivencias ligadas a la cultura, como homenaje a su memoria. 

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Antonio López Ortega: “Creo en una literatura que remite a las emociones”

Nuria López Siverio

Antonio López Ortega, nacido en Punta Cardón (Venezuela) en 1957, es un narrador, ensayista, editor y promotor cultural de ascendencia canaria con una dilatada trayectoria que transita, especialmente, por el género de la narrativa breve. El autor ha hecho escala en Santa Cruz de Tenerife durante la gira de presentación de su último libro de relatos, La sombra inmóvil, que acaba de ser publicado en España por la editorial Pre-Textos. Bajo este título encontramos un conjunto de catorce historias autoficcionales en las que la memoria se reinventa continuamente a través del tamiz subjetivo que le proporciona la literatura. De esta manera, hasta los sucesos más cotidianos logran traspasar el cerco de la experiencia íntima y ahondar en una dimensión inadvertida de la condición humana. Es innegable que esta obra de López Ortega abre nuevos caminos no solo en la narrativa breve venezolana, sino también en el entendimiento de la propia vida, invitándonos a participar en ese proceso de autoconocimiento con la lectura de sus textos.

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