Josefina de la Torre o la versatilidad imperdonable

Kenia Martín Padilla

En una entrevista concedida a Antonio Puente, a la pregunta de por qué pese a haberse relacionado con célebres poetas y actores no ha alcanzado tal celebridad, Josefina de la Torre responde: “Tal vez porque este país no perdona la bicefalia, y menos aún la multiplicidad de facetas, como es mi caso.” Cierto es, como debate también Alessandro Ryker (Mederos, 2007: 91), que la versatilidad en un artista ha sido siempre muy poco premiada. En la figura de Josefina de la Torre, polifacética por definición, esta realidad adquiere dimensiones considerables. ¿Por qué, pese a su evidente talento como poetisa y su reconocimiento dentro de la generación del 27, se apagó su brillo en la escena literaria de la época? ¿Por qué se decidió por el cine, y por qué este arte no le devolvió nunca la fama que merecía, el abrazo del papel protagonista? ¿Y qué hay de su obra en prosa? Las líneas que siguen tratan de ofrecer respuesta a estos interrogantes.

Quizá las claves para entender los saltos entre uno y otro arte tengan su razón de ser en la relación existente entre su dedicación profesional y su contexto vital. Josefina tuvo una clara vocación poética e interpretativa, fundamentada desde su infancia más dulce y su ambiente familiar. Sabemos que escribió poemas desde muy niña. La poesía la catapultó a los cielos: le dio un lugar donde asentar su nombre, y fue el único arte que le acompañó toda su vida. Su producción poética, aunque no es extensa, es temporalmente heterogénea. Sus obras Versos y estampas (1927) y Poemas de la isla (1930) contienen composiciones sencillas, alejadas de toda grandilocuencia, que reflejan escenas insulares o pinceladas amorosas. Se trata de poemas en la línea de la poesía pura, regados de giros vanguardistas, que nos recuerdan la generación a la que se adscribe. Este estilo se aprecia aún en Marzo incompleto, publicado en 1968, en el que se incluyen, no obstante, poemas anteriores. Aunque los temas se alejan un poco de su poesía de juventud, se trata de un poemario en que el recuerdo y la nostalgia, el amor y el desamor, vuelven a estar presentes. Y lo mismo puede decirse de Medida del tiempo, en el que el pasado se hace palpable. La diferencia la marca el peso de su amargor, el tono ensombrecido y oscuro de alguno de sus poemas, en los que toca el tema de la muerte y la ausencia de descendencia, determinado por la época de madurez en la que se crean las composiciones. Sin embargo, no deja de sorprender que, entre sus dos primeras publicaciones y Marzo incompleto haya pasado la friolera de treinta y ocho años. 

Al poco de publicar Poemas de la isla, Josefina se sumerge en el mundo del cine, inicialmente como voz de doblaje, en el periodo comprendido entre 1930 y 1936. El porqué de su silencio poético y su inclinación al cine no es más que una conclusión lógica. Cuando participa en la eclosión generacional del 27, Josefina es una joven con talento que se mueve con la élite del momento. Pero cuando estalla la guerra, Josefina habría también de ver caer en las garras de la falange o en el abrazo maltrecho del exilio a muchos de sus compañeros de generación. No parece, pues, extraño, que no llegue a publicar el poemario que anuncia tener preparado en la antología de Gerardo Diego, allá por 1934 (curiosamente, ese mismo es el año en que dobla junto a Buñuel la película Miss Fanes baby is stolen, lo que nos indica que, por aquel entonces, escritura y cine iban ya de la mano). La razón: no se podía ser poeta del 27 en la posguerra española. Esa vinculación generacional, aniquilada por la guerra y perseguida en los años sucesivos, impulsa en Josefina la conveniencia de un silencio externo, aunque su voz siga poéticamente latente. Escribir en la intimidad no es igual a publicar. Publicará, por el contrario, prosas de amor y misterio, como un medio o un remedio de subsistencia económica, pero lo hará bajo pseudónimo para curarse en salud. 

A partir de 1937, Josefina comienza a escribir una serie de novelas amorosas del corte de la novela rosa. Estas novelas aparecen en la colección «La novela ideal» firmadas por el pseudónimo Laura de Cominges, que se forma al tomar el segundo apellido de su padre, Bernardo de la Torre y Comminges. La colección surge del impulso de su hermano Claudio, su mujer, Mercedes Ballesteros y la propia Josefina, como un medio de solventar la crisis económica que, tras la guerra, estaba afectando a su familia. Pese a que es dirigida por dos de los más célebres Millares grancanarios, esta colección no ha sido aún sometida a un estudio particular, y sus distintos números parecen haber caído en el olvido. El carácter de subliteratura que ha tenido siempre este tipo de publicaciones, parece ser la causa. A continuación, nos limitaremos a señalar algunas notas que servirán de preludio a un estudio más detallado.

En septiembre de 1938 aparece el primer número de la colección, City Hotel, de Rocq Morris. El tal Rocq Morris no era otro que Claudio de la Torre. En el segundo número se publica Idilio bajo el terror, de Laura de Cominges; nuestra Josefina. El tercero, Mi marido es usted, viene a cargo de Mercedes Ballesteros bajo el seudónimo de Sylvia Visconti. A partir de ahí, surgirán en total 37 números. El éxito de algunos volúmenes provocó incluso la reedición de obras, como es el caso de City Hotel e Idilio bajo el terror (1942). La mayoría de las publicaciones corren a cuenta de estos tres escritores, a los que se irán uniendo otros miembros de la familia, como su hermano Bernardo. Incluso su abuelo Agustín Millares Torres, que ya había fallecido, aparece en la colección, mediante la reedición de sus obras Benartemi (1895) y Esperanza (1860).


Los primero números de la colección aparecen con domicilio en Las Palmas pero, a partir del número 8, la sede será Madrid. En 1940, Bernardo de la Torre comienza a figurar como el director. Tal y como se define en el segundo número:


La novela ideal es una colección de novelas variadas, distintas, en las que alternan con la trama policiaca, por ejemplo, las más divertidas o apasionantes historias de aventuras o de amores, dentro siempre de los límites que impone la moral, el respeto y el buen gusto. 

Se incluye, además, una carta al lector, agradeciendo su buena acogida y el apoyo recibido por la publicación del primer número. Y continúa así:


De una sola cosa nos enorgullecemos: de ver como hasta en la actividad editorial, tan alejada de la guerra –si no se tiene en cuenta la importancia que la lectura tiene en las trincheras- la sabia organización de nuestra España Nacional permite a una nueva empresa realizar sus planes. Orgullo de españoles, por lo tanto, con el deber que esto impone.


Ya en el segundo número publicado por Josefina, el octavo de la colección, dada la extranjerización de los seudónimos escogidos, aparece la siguiente nota al lector:


La novela ideal es una publicación netamente española: impresa en España y dedicada, exclusivamente, a la edición de obras nacionales. Los nombres extranjeros que han aparecido hasta ahora en sus portadas son meros pseudónimos.

Los nombres de Rocq Morris, Laura de Cominges y Sylvia Visconti, son las firmas que, en La novela ideal, consagran una vez más a conocidos escritores españoles.

Este conjunto de aclaraciones, que hemos preferido incluir textualmente, nos muestran el precio que había que pagar para poder publicar en la España de la posguerra, aunque se tratase de novelas ligeras. Esto equivale a afirmar que nos queda un gran trabajo, como expuso ya Javier Durán (Mederos, 2010: 59):


Josefina de la Torre Millares no tuvo una travesía fácil. Todavía hoy se encuentra en fase de rescate su periplo creativo dentro del aparato cultural franquista, y en el suma y sigue de las averiguaciones comienza a perfilarse una obra poética y una vida artística que se aísla de un contexto dominado por la propaganda. 

En La novela ideal, Josefina de la Torre publicó diez novelas cortas entre 1938 y 1943, con tramas que constructivamente semejan guiones cinematográficos. De hecho, recordemos que una de estas publicaciones, Tú eres él, se convirtió en el guion cinematográfico por el que Josefina recibió un accésit en los premios del Sindicato Nacional del Espectáculo.

Si de nuevo nos preguntamos por qué esta asociación entre la configuración de su prosa y el cine, la respuesta vuelve a erigirse con claridad: después de la guerra, el teatro y el cine abducen a la joven escritora. En la interpretación encuentra abrigo a su creatividad. La interpretación se revela como una vía menos comprometida, frente a la escritura, que estaba condenada por el peso de la censura. Además, su inclinación por esta actividad no surge de la nada; había sido forjada desde su infancia, pues recordemos que Josefina participaba pasiva y activamente en las sesiones teatrales que su abuelo organizaba en un pequeño teatrillo que tenía montado en el patio de casa de Las Canteras. Ya en 1940, la interpretación se había convertido en su principal medio de subsistencia artística, cuando logra ser primera actriz del teatro María Guerrero de Madrid. En 1941 comienza a trabajar como actriz secundaria en cine, en las películas rodadas por su hermano Claudio. De hecho, hasta 1945 irá combinando teatro y cine. En ese año se rueda La vida en un hilo, la última película en la que colaboró. Después, cuando por fin estaba recabando buenas críticas y adquiriendo celebridad, abandona los estudios cinematográficos de por vida. ¿Podría ser, precisamente, la ausencia de papeles protagonistas el motivo de este abandono?

El problema de la fama inalcanzable aparece perfectamente retratado por la autora en su texto Memorias de una estrella, que tiene como protagonista a una actriz de cine. Se trata de una novela corta publicada en 1954, junto a otro relato, titulado En el umbral, en la exitosa colección de la época «La novela del sábado», de ediciones Cid. La propia Josefina, en las entrevistas concedidas, describe este tipo de obras como menores. Quizá por el carácter popular que la literatura rosa y la literatura de quiosco ha tenido siempre, frente al carácter puro y elevado de la poesía o, tal vez, por el reconocimiento obtenido de sus publicaciones poéticas, su prosa ha quedado relegada a un tercer puesto, por detrás incluso de su labor como actriz. Es cierto que estas novelas breves no fueron concebidas para ser grandilocuentes, sino para ser vendidas a un módico precio. Sin embargo, este tipo de obras requieren una lectura pormenorizada, porque pueden revelarnos aspectos concretos de la enigmática biografía personal de la escritora. El caso más palpable es, justamente, el de Memorias de una estrella, en el que Josefina parece querer relatar sus vivencias como actriz de cine, describiendo el triste y rancio entramado cinematográfico de la España de la época: el mundo rocambolesco de productores que se aprovechan de las actrices, de actrices con cara bonita y poco talento que acaparan los papeles protagonistas, e incluso los ambiente de lujo y lujuria, parecen querer contarnos por qué Josefina acabó inclinándose hacia el teatro. 

En los años sesenta, cuando las cosas en España están más calmadas, publica por fin Marzo incompleto y comienza a cercar el ámbito de su vocación en sus dos directrices preferidas: teatro y poesía. Entre tanto, se ha casado con el pianista canario Braulio Pérez Hernández. Aunque tenemos pocos datos al respecto, parece ser que este matrimonio no la complementa y, aunque se sabe muy poco de sus circunstancias personales, se conoce que duró muy poco tiempo. Tiene la suerte, no obstante, de encontrar en el actor Ramón Corroto su otro yo. Con él se casa, después de muchos años de noviazgo, en 1978. Pero, lamentablemente, aunque él era bastante menor que ella, en 1980 le sobreviene la desgracia de verle morir. Estas circunstancias se reflejan en algunos de sus versos de Medida del Tiempo, junto con la tristeza de no haber sido madre. 

No solo fue poetisa, fue novelista. No solo actriz de teatro ni actriz de cine: trabajó en el doblaje de películas, en el teatro radiofónico, en la televisión. También fue cantante, realizando recitales en sus años de juventud e interviniendo con su voz en el teatro, pues recordemos que fue la protagonista en la primera versión española del musical Sonrisas y lágrimas en 1968. Su versatilidad es, por tanto, consecuencia del devenir de su vida. El peso de la guerra le impide convertirse en una prestigiosa poetisa. El peso de los años le impide convertirse en una estrella de cine. Y mientras tanto, nuestra abierta mariposa de la noche busca encontrar su propia luz y reinventarse:


Me busco y no me encuentro.

Rondo por las oscuras paredes de mi misma,

Interrogo al silencio y a este torpe vacío

Y no acierto en el eco de mis incertidumbres.

No me encuentro a mí misma.

Y ahora voy como dormida en las tinieblas,

Tanteando la noche de todas las esquinas.

Y no puedo ser tierra, ni esencia, ni armonía,

Que son fruto, sonido, creación, universo.

No este desalentado y lento desgranarse

que convierte en preguntas todo cuanto es herida.

Y rondo por las sordas paredes de mí misma

esperando el momento de descubrir mi sombra.

(Marzo incompleto, IV, 5)

Más que su versatilidad, es su capacidad de reinvención lo que me asombra. Su facilidad para adaptarse a cada nueva realidad, pero también el valor para crearse a sí misma y, a la vez, no dejar nunca de ser igual. Pero, si su pluralidad no le benefició, tampoco su humildad. El papel que representó en su vida no fue el de la excentricidad del genio, sino el de la mujer sencilla. Las razones son las mismas que se ocultan en otras voces femeninas de la época, ensombrecidas por sus célebres maridos, como Concha Méndez o María Teresa de León. La humildad se aprecia en sus entrevistas. La sencillez de su estilo, no deja de ser un reflejo del momento en que se formó como escritora, pero también es síntoma de la materia de su personalidad. Si la crítica de su época no pudo perdonar su versatilidad, redimámosla desde el recuerdo. 


BIBLIOGRAFÍA

 

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RECURSOS ELECTRÓNICOS


www.josefinadelatorre.com

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http://hemerotecadigital.bne.es (Hemeroteca de la Biblioteca Nacional de España)

http://h3.bbtk.ull.es/pandora/ (Prensa Canaria digitalizada, Universidad de La Laguna)

http://jable.ulpgc.es/jable (Archivo de Prensa Digital de Canarias, Universidad de Las Palmas)

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Comentarios: 1
  • #1

    C.G.F. (domingo, 04 octubre 2015 23:48)

    Estupendo artículo. Abrazos.