Matthieu Bourel. Rostros

Matthieu Bourel


Comentario crítico de Daniel Bernal Suárez

La obra de Matthieu Bourel aparece regida por los principios medulares del fotomontaje y el collage. El artificio de extrañamiento figura como resultado de un remodelamiento en el que impera una modulación de construcción irónica en el sentido moderno tanto de descrédito y escepticismo como de crítica. Numerosas obras suyas trabajan con rostros (frecuentemente personalidades célebres) cuyo sometimiento a procesos de manipulación por ensamblaje puede suponer adición de elementos o repeticiones (sustrayendo el componente iterado del contexto de la figura-madre). Estas reapropiaciones y reutilizaciones nos llevan tanto a un fundamento estructuralista aplicado a la imagen (ninguna significa por sí sola, sino atendiendo a su nudo de relaciones) como a una generación de capas o sustratos que refuerzan los aspectos expresivos. Asimismo, el ensamblaje, según el postulado estructuralista antes aludido, busca una reasignación de sentido a la imagen secundaria (que es la propia creación), estableciendo nuevas conexiones donde el significado originario de los componentes aislados permuta. Esta transmutación sigue obedeciendo al conocido dictamen compositivo Lautréamont (principio metafórico rector invocado por los surrealistas -utilizado precisamente por Max Ernst en su abordaje teórico del collage- y que Man Ray materializó en su Homenaje a Lautréamont de principios de los años 30 del pasado siglo).

 

 

Desde sus primeras manifestaciones con las vanguardias, el dualismo descomposición-recomposición visual del collage ha reivindicado no la creación ex nihilo clásica (o, en todo caso, recurriendo a la naturaleza como germen o matriz), sino a partir de formas culturales preexistentes. En el caso concreto de los semblantes de Matthieu Bourel, esto nos encamina a consideraciones sobre lo que podríamos llamar la intrahistoria del rostro: si la elaboración de la imagen fotográfica primaria nos remitía a la configuración cultural de la persona, a la construcción -y coerción- externa de su identidad (fijada de una vez para siempre), los desvelamientos de la tarea de montaje y síntesis puestos en práctica por Bourel inducen a una reflexión sobre las máscaras: se establecen nuevos niveles de visión ya que se revela no un único sustrato del rostro, sino sus sobreimpresiones, alusiones subterráneas tanto a sus componentes orgánicos como psicológicos (de ahí, verbigracia, que algunas obras muestren los sujetos que se imponen sobre el escenario de la mente de otros) y a la constitución agonal de la identidad (como un proceso en cambio). Esta polifonía visual no acarrea estridencia alguna sino una suerte de amalgama o mapa de sonoridades visuales (Bourel es músico también) que potencian la aproximación lúdica.

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Comentarios: 1
  • #1

    Elena Fernández (jueves, 02 octubre 2014 11:10)

    Una polifonía aterradorasería su composición sobre mí y podría darme más miedo que los resultados de un profundo análisis psicológico.