Dos poemas

Patricia Úbeda

Alimento de madre

 

Aliméntame, madre.

Tu útero está lleno 

de nombres incinerados

de insectos durmientes

de determinantes indefinidos

que huelen a lavanda

a sangre pálida

vertida como nieve caliente

sobre los ojos de la piedra.

Así estás cerca de mí

así oyes como muerde

la luna mi segundo nacimiento.

Cerbero

 

Monstruo de la soledad

o del hambre.

No me puedes elegir.

Mi corazón es un perro de tres cabezas.

Una de ellas

tiene las cejas mal depiladas,

no puedo ser a la vez guadaña y piel.

Las otras cabezas no sobran

me sirven para arrancarme los ojos,

para arrancar el cielo,

para masticar más de lo que soy.

No puedo con mi saliva,

con la soledad de mi estómago.

Me lamo las rodillas

y las aguas enjabonadas

hunden el silencio.

Mis uñas blandas,

mis dedos arrugados

son una muestra del tiempo

que no quiero ver

y existe.

 

 

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