Cecilia Domínguez Luis. Cinco poemas

Cecilia Domínguez Luis

ARPEGIO (Idus de febrero)

 

Puede que la música renazca del fondo del río y su rumor,

y se revele el milagro de la hierba bajo los sicomoros.

Tiembla el trigo igual que los hombres que esperan tormentas

y, con la certeza de ser apenas una huella en el barro,

temen que se cumpla el augurio de los cuervos

y caiga el relámpago sobre sus espaldas.

De ahí que taponen sus oídos con cera y cuentas de collar,

y finjan no creer en las sombras del cielo.

Solo aquel que dirige la vieja sinfonía del agua volverá mañana

para escuchar la coda disonante antes de la detonación final

que hará que se desbanden los pájaros.

 

He aquí la gran verdad que se descubre

cuando los días dejan de ser propicios

 

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Lo cotidiano y un poema

Andrea Abreu López

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El deseo de realidad

Miguel Casado

En un mundo saturado de discursos, sin límites precisos con lo virtual, la realidad aparece cada vez más como aquello que nos falta, la carencia en cuyo seno discurren los días. Así, el deseo de realidad viene a ser una forma de utopía, un poner la vida en tensión para mantenerla viva. ¿Cómo se formularía una poética atravesada por ese impulso?, ¿de qué manera permanecería en movimiento continuo, sin consentir que su práctica cristalice en ley?, ¿cómo la lengua podría ir, en el poema, contra su propia naturaleza de código y hacerse materia de este deseo?

 

 

Estas siete líneas serían un planeamiento de la cuestión que el título enuncia, pero contienen sobre todo preguntas. En sentido estricto, diría que no puedo pasar de ahí, llegar más allá –aun extendiéndome en las consideraciones implicadas en ellas–. Y, por supuesto, no puedo responderlas. Incluso me digo que quizá sea mejor así, que así debería ser siempre: pensar solo hasta producir preguntas, evitar los gestos con voluntad terminal.

 

Alguna vez he descrito esta actitud como una práctica del quizá; se trataría de elogiar la duda no como algo que toca sobre todo al conocimiento, sino más bien relativo a la moral; algo que impida la coagulación de fijezas, de creencias dogmáticas e inamovibles. El quizá parece dirigirse especialmente contra los mitos del yo, contra sus emboscadas. Porque el error no es sino lo verdadero cuando ya el tiempo le ha pasado por encima. 

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Angelina Gatell: "El cine de doblaje es, en esencia, intuición"

Covadonga García Fierro.

Angelina Gatell en 1964
Angelina Gatell en 1964

El fallecimiento de Angelina Gatell Comas el pasado 7 de enero de 2017 nos tomó a todos por sorpresa. Tuve el privilegio y el increíble honor de entrevistarla en junio de 2016 en su casa de Madrid. Era una mujer fuerte, apasionada, valiente, y amaba a sus compañeros y compañeras de generación. Luchó como pocos por este país, desde la poesía y el pensamiento, siempre con generosidad. A sus 90 años, su voz era sólida y crecía cuando hablaba de sus amigos: Antonio Buero Vallejo, Blas de Otero, Carmen Conde, Gloria Fuertes, Claudio Rodríguez, Rafael Alberti, María Beneyto... Tomaba entre sus manos algunas fotografías y allí, en el salón de su casa, observaba las imágenes y decía: "Todos se han ido, sólo quedo yo para hablar de ellos y por ellos". Lloraba al recordar a su inseparable amiga y maravillosa poeta –o poetisa, como ella prefería decir– María Beneyto. Y rabiaba al recordar las injusticias sociales y políticas que vinieron tras la Guerra Civil Española. Solía decir que hasta que no se hiciera justicia con los cadáveres que aún pueblan las cunetas, la guerra no habría terminado. Solía decir tantas cosas. Con claridad, con sencillez, directa al grano, sin tapujos. Sirva la publicación de este material, centrado en su faceta como actriz de doblaje y en algunas de sus vivencias ligadas a la cultura, como homenaje a su memoria. 

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