Breves notas sobre Los cielos que escalamos, de Juan José Delgado

Yeray Barroso Ravelo

Fotografía cedida por María Teresa de Vega
Fotografía cedida por María Teresa de Vega

Existencia es camino para construir la esencia del yo. Así lo entienden existencialistas como Sartre, quien considera que empezar a existir supone lanzarse hacia el porvenir siendo consciente de ello. Esta idea la defiende en El existencialismo es un humanismo. Si el tiempo juega en contra de todo ser, como manifiesta el poema que abre Los cielos que escalamos, el último poemario que publicó Juan José Delgado (“El lugar que por circunstancias ocupamos es el tiempo: / de suyo es consumir la ración estricta de lo que vive”), todo el trayecto vital no sería más que ir quitándose todo lo accesorio con objeto de llegar a ese porvenir, que, sin embargo, desde su propia sustancia asume la idea que bien percibió Ángel González: “Te llaman porvenir / porque no vienes nunca”. Pero si toda existencia viene dada por la búsqueda de lo que nunca llega, cabría asumir, como Camus, el absurdo, el peso que supone ser consciente de lo que la vida es. Esto podría llevar, sin duda, a una posición pesimista. Aunque pueda parecerlo, no sucede así en la línea temática de los poemas que analizaremos. Hay una gran luz en la aparente oscuridad del tono premonitorio de quien reconoce su final.

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Pero, damas y caballeros, la escritura falsea la realidad

Sabas Martín

Fotografía cedida por María Teresa de Vega
Fotografía cedida por María Teresa de Vega

La realidad subvertida en la novelística de Juan José Delgado

 

UNO.- En Canto de verdugos y ajusticiados (Premio Novela Corta Ciudad de La Laguna 1988, Libertarias, Madrid, 1992) Juan José Delgado se adentraba en las múltiples implicaciones, existenciales y literarias, que irradian de la afirmación puesta en boca de uno de los protagonistas de la novela: “La escritura es un desierto, y el escritor un hombre perdido que se deja guiar por los espejismos”.

 

Con una escritura de amalgama o serie de relatos entrelazados, que se contemplan y reflejan, que se complementan y, en ocasiones, se contradicen deliberadamente, el escritor canario puebla ese desierto de la escritura con una parábola irónica de la literatura y su supuesta condición de espejo cierto que retrata la realidad. Su propuesta es una mantenida indagación en la que se cuestiona no solo la labilidad de las fronteras entre lo verdadero y lo verosímil, entre lo experimentado y lo imaginado, entre la imagen y sus espejismos, sino que, aún más allá, a través de un complejo y sabio entramado, el autor se interroga desde la misma escritura y la relación que en ella y con ella establecen sus personajes, sobre el propio proceso de la creación literaria.

 

Todo ello, llevado a cabo con una esencializada concepción del clima, el tiempo y la densidad narrativos, cuya más inmediata exigencia se traduce en un intenso tratamiento del lenguaje. Y con un plano de implicación añadida a la escritura al utilizar la ironía, ya sea caricaturesca, paródica o grotesca, como instrumento de un sistema de valores crítico.

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En memoria a Juan José Delgado: texto colectivo

Varios autores

Juan José Delgado. Imagen cedida por María Teresa de Vega
Juan José Delgado. Imagen cedida por María Teresa de Vega

 

Hemos reunido aquí algunas voces de quienes han compartido la suerte de encontrarse a Juan José Delgado iluminando el camino de la literatura y de la vida; palabras de agradecimiento, inspiración, deuda y otros tantos recuerdos e impresiones dedicados a su memoria.

 

 

 

 

JUAN JOSÉ DELGADO, ESCRITOR ATLÁNTICO 

Víctor Álamo de la Rosa

Juan José Delgado fue un humanista en el más amplio sentido de la palabra, es decir, a la antigua usanza, cuando sabíamos que un humanista es aquel que confía plenamente en la cultura como motor de salvación de la humanidad, tal y como expuso en su discurso de ingreso en la Academia Canaria de la Lengua, titulado, precisamente, “Literatura, Humanismo, Educación”. Juan José Delgado destacó como novelista, poeta, ensayista, profesor y promotor de revistas y suplementos literarios. Fue un escritor de esos que se sienten tan sinceramente recompensados con la escritura misma que siempre huía de actos o distinciones. Tímido, discreto. Su labor intelectual, crítica, es sin embargo crucial si se quiere entender el discurso de la literatura canaria contemporánea. Creía firmemente en el poder de redención de la cultura. Sabía que es imperioso rehumanizar el mundo para que el mundo sea mundo habitable y sabía que el ser humano, si no quiere pasarse la vida desnortado, necesita educación, sentido de la cultura, más humanidad. Ese era el principal legado que ofrecía y que nunca olvidaremos.

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Buscando respuestas

Cecilia Domínguez Luis

A Juan José Delgado, i.m.

 

«Pienso que la literatura que he podido publicar expresa mi idea del mundo. La del mundo íntimo e interior, además de la del ancho y ajeno.»

 

Estas declaraciones las hacía Juan José Delgado en el año 2002 y aparecen en el libro de retratos de Daniel Mordzinski, De palabras y de rostros.

 

A estas y otras palabras en las que habla de la literatura «como antídoto para cualquier coincidencia que se sienta envenenada», las acompaña una foto del escritor en el Camino Largo de La Laguna. Un pie sobre un banco. Apoyado sobre su rodilla, con las manos cruzadas, Juan José mira hacia un lugar indefinido. Hay cierto esbozo de sonrisa en sus labios, como si temiese sonreír del todo. Alguien, una mujer, a su espalda, se aleja, borrosa.

 

No sé si ahora, al ver que voy a escribir sobre él, sonreiría más abiertamente, pero con esa ironía tierna que siempre caracterizaba su sonrisa, como quien no se lo cree.

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