Un rompeolas en el fregadero

Javier Izquierdo Reyes

Ciertamente, podríamos decir que en España había muy pocos lectores de poesía hasta hace relativamente poco tiempo. La poesía era un género para unos pocos, y su volumen de ventas era escaso en comparación con otros géneros, especialmente con la narrativa. Sin embargo, el empuje de toda una nueva generación ha ido dando un vuelco a la situación, hasta el punto de que podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que, entre los más jóvenes, la poesía se está convirtiendo en el género estrella. Muchísimos nuevos poetas surgen de los micros abiertos, jams, slams y demás formatos de poesía oral, y proliferan en las redes sociales y los blogs donde tienen su feudo seguro. Una nueva forma de entender el ars poética, más ligado a la oralidad, la espontaneidad y lo cotidiano, a la experiencia personal y a la intensidad de lo pequeño, es su propuesta. Ello no siempre es bien entendido por las generaciones anteriores y por los más consagrados y vinculados a la “academia”, quizás con una mezcla de recelo y envidia por su proyección en el mercado editorial: las ventas crecen, y las editoriales dispuestas a aprovechar su demanda no son escasas. El potencial de ventas genera, no obstante, como es lógico, la publicación de títulos destinados, exclusivamente, a satisfacer las exigencias del público sacrificando la creatividad de sus autores, y muy pronto hemos podido encontrar un gran número de títulos donde la originalidad y la frescura han ido dando paso a la imitación y a una escritura fácil y plegada a la demanda del lector. El número de autores aumenta vertiginosamente, y comienza a hacerse difícil poder separar lo valioso de lo circunstancial –sólo el tiempo y la lectura atenta nos darán un panorama cabal. Sin embargo, ya es posible ir avizorando algunos autores y obras a seguir con atención, y, en esta vorágine última de títulos y escritores noveles, destaca, particularmente, una obra que aporta originalidad, frescura y movimiento a este panorama en consolidación: se trata de Un rompeolas en el fregadero, publicado con el pseudónimo de Juana la Coja.   

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"En el cuerpo negro de la noche" (Jakob van Hoddis y Georg Heym)

Mª Montserrat Armas Concepción

Ferdinand Hodler, La noche (1889-1890)
Ferdinand Hodler, La noche (1889-1890)

Jakob van Hoddis (seudónimo de Hans Davidsohn) nació el 16 de mayo de 1887 en Berlín. Su padre, un médico conservador, materialista y escéptico; su madre, una mujer idealista y cultivada. Griego y filosofía fueron los estudios que Van Hoddis realizó en Jena y Berlín. Junto con Kurt Hiller, Erwin Löwenson, David Baumgardt, Ernst Blass y otros, fundó en 1909 Der Neue Club: un pequeño grupo de debate que dio lugar al expresionista Neopathetisches Cabaret que tanto influyó en los berlineses, y donde jóvenes escritores declamaban sus obras ante el atento y participativo público, contribuyendo con ello a crear un mito de la ciudad de Berlín dentro y fuera de Alemania. Aquí entabla amistad con el poeta Georg Heym, cuya temprana muerte en 1912 conmovió profundamente a Van Hoddis. Fruto de esta relación surge este poema que Heym escribe en diciembre de 1910 y dedica al poeta amigo.

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El asesino a sueldo, los vampiros y el concepto de banda sonora en Jim Jarmusch

Pompeyo Pérez Díaz. Universidad de La Laguna

Resumen: El uso de la música siempre ha sido un elemento clave en la construcción del discurso narrativo del cineasta norteamericano Jim Jarmusch (1953). Este trabajo está centrado en dos de sus últimas entregas como director. En The Limits of Control (2009) no sólo la música posee un papel relevante a la hora de perfilar la atmósfera de la narración, sino que el uso de diálogos repetitivos en situaciones diferentes, la reiteración de frases idénticas en boca de distintos personajes, se configura también como una parte de la banda sonora. Al modo de las variaciones de una passacaglia barroca sobre un bajo ostinato, la repetición de las frases en diferentes contextos articula en cierto modo el curso de la acción. En Only Lovers Left Alive (2013), planteada más bien como una novela gráfica para adultos, la banda sonora se configura como un elemento clave para describir los escenarios en los que deambulan unos vampiros centenarios, así como sus estados emocionales afectados por el paso del tiempo.

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Los jefes

Roberto A. Cabrera

LOS MUCHACHOS echaron a correr. Se concentraron en el solar, junto a la calle. En ese momento las farolas se encendieron. Al fondo del solar, encajado entre dos edificios con paredes ciegas, una chabola maltrecha. Unos chiquillos, armados con palos, los aguardaban. Defendían la chabola. Los recién llegados midieron con la vista las fuerzas de la pandilla. Decidieron no adentrarse en el solar. Las distancias, respetar las distancias, susurraba el jefe. Estudiar el terreno. Los palos cambiaban de mano. Alguno estornudaba. Otro hurgaba en el suelo. Sopesaba unas piedras. Alguien se enderezó con un hierro. Lo alzó blandamente. Lo dejó caer a sus pies.

 

La pandilla de la chabola los ignoraba. Permanecían de pie, silenciosos, obstinados. Alguno entraba o salía de la chabola. Otro terminó por sentarse.

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